Pocos días habían transcurrido desde aquella luminosa mañana en la que el pueblo, el valiente pueblo Cuencano, había tomado la plaza central de la fuerzas españolas y había iniciado su larga marcha a la independencia. Corría el quince de Noviembre de mil ochocientos veinte. Año Primero de su independencia cuando los Diputados de las Corporaciones y Pueblos suscribían una la Constitución de la República de Cuenca. Ésta que, en su artículo segundo mandaba: “Cuenca es y será para siempre una Provincia libre e independiente de toda potencia o autoridad extraña, sin que ningún caso deba ser subrogada su voluntad”… Distinguidas autoridades que nos acompañan en esta maravillosa noche. Distinguido público presente en esta noche para la historia. Amigos y amigas. Cuencanos y cuencanas.

Inútil sería intentar que las palabras expresen toda la gratitud que tengo por el honor de participar de este evento solemne y dirigirles estas breves palabras. Y quiero empezar por celebrar este momento histórico. Esta noche en la que abrimos el año jubilar con el que recordamos, llenos de orgullo, nuestros primeros 200 años. Y planteamos, al mismo tiempo, la visión del futuro que anhelamos. De ese futuro que hoy nos corresponde imaginar juntos para luego volverlo realidad. Un futuro luminoso, sin duda alguna, que deberá construirse y potenciarse desde varios ejes.

Desde la identidad de lo que somos. Esta Cuenca (Tomebamba o Guapondélig), cuyo pecho austral guarda con celo la memoria de los pueblos que, como ancla inmensa, ha resistido las olas del tiempo. Esta joya que la humanidad entera ha recocido y consagrado como patrimonio universal. Esta Atenas del Ecuador, que ha sabido ganarse este honroso apelativo por los largos años de haber sido la capital cultural y la ciudad más destacada en cuanto a producción artística, literaria, académica e intelectual. Condición que debemos conservar a toda costa para las próximas generaciones.

Y sin embargo, debemos también reconocernos en el genio de industria. En el ímpetu del obrero y del campesino, que encarnan las alas abiertas con las que avanzamos al progreso y el porvenir. Esta ciudad, cuna de la industria per cápita más potente e innovadora del país. Del emprendimiento. De la economía popular. Esta ciudad que deberá reivindicar su condición de Polo de Desarrollo del Sur de Ecuador, para que las generaciones por venir puedan disfrutar de la riqueza, el trabajo y el progreso. O lo que es lo mismo, de la libertad, la igualdad y la fraternidad… Y sin embargo, no es solo la ciudad de Cuenca la que merece este reconocimiento. Han sido también nuestros pueblos afincados en la ruralidad los artífices del progreso. Por eso, la Equidad territorial en las oportunidades y el desarrollo deberá ser el hilo conductor de un futuro en el los campos y las ciudades dialoguen e interactúen dentro de la nueva dinámica del progreso.

Y sin embargo, bien sabemos que a Cuenca no basta con amarla. Hay también que merecerla. Hay que construirla y defenderla. Lejos los apetitos de la política y junto a los más caros anhelos del pueblo. Y que sea el Bicentenario el espacio de diálogo y acuerdo en el que todos aquellos que amamos a Cuenca podamos confluir para construirla.

Que sea el Bicentenario el lugar común donde todos los gremios y actores de la sociedad civil puedan encontrar el espacio para plantear sus propuestas y plasmar sus voluntades. Que sea, finalmente, el Bicentenario de Cuenca, el que vuelva a convocarnos nuevamente a la Unidad. La Unidad que es la argamasa que ha permitido que este pueblo reivindique sus derechos y progrese aún en las más arduas épocas del centralismo y el aislamiento. Esa Unidad que es la que nos hace fuertes. Esa Unidad que es todo lo que tenemos.

Estos, amigos y amigas, entre otros muchos, son los ejes sobre los que descansa la nueva visión de la Cuenca de la Tercera Centuria. Esto es lo que representan estos símbolos aquí reunidos. La razón del progreso. El orgullo de la identidad. De aquello que somos y anhelamos ser. Las plazas atiborradas de historia. La música. El arte.

Concejal Andres Ugalde V.

Presidente Comite Bicentenario de Cuenca